viernes, 7 de septiembre de 2007

IL CAMINETTO Y OTRAS HISTORIAS


Desde que comenté a la familia de Bea que, para la Luna de Miel, visitaría Florencia supe de Il Caminetto. Según, hace diez años, aproximadamente, mi suegra tuvo en este restaurante una de las experiencias gastronómicas más significativas de su vida. Cuando Bea visitó la ciudad, en otro tiempo, no pudo dar con él. En esta oportunidad, tarjeta en mano, dimos sin conflicto con el pequeño local en la Via del Studio, próxima al Duomo. ‘Bego comió acá una excelente sopa inglesa’, recordaba Bea con frecuencia. Yo, comensal desalmado e ignorante, juraba que la sopa inglesa era una entrada –un plato caliente, por demás, y resulta que es un postre. Para furia de Bea, este plato, quién sabe hace cuánto, desapareció del menú.
Fuimos al Caminetto en dos oportunidades. Comimos bien. En la primera oportunidad comí como un salvaje. Tragué, sin vergüenza ni modales, un inmenso steack a la florentina. Desde Venecia, nuestros manjares han oscilado entre la pizza y la pasta; la ausencia de carne justificaba, en parte, mi bestialidad. Bea también comió bien, pedimos entradas, postre, vino. Por supuesto, tuvimos que pagar con la tarjeta.
La segunda oportunidad en la que visitamos Il Caminetto sucedió un evento gracioso. Yo, el inventor, el toscano improvisado, ordené una exquisitez que se refería en el menú del día - pensaba que era carne. Bea ordenó unos espaguetis frutti di mare. Hambriento, degusté con placer el inmenso bistec que pusieron sobre la mesa. La salsa, por su parte, especial. El olor inédito. Al probarlo: hígado. Odio, usualmente, el hígado. No me quedó más remedio que disfrazar el fortísimo sabor entre papas fritas, pan y Coca-cola. Desde entonces, evito salir del menú oficial de pasta y pizza.
Hemos comido con placer, en general. Bea, cuando amanece tacaña, planifica odiosas paradas en Mc Donalds. Es, efectivamente, económico pero, sin duda, resulta grosero comer combos en la Toscana.

Hemos vuelto al bar Guiness a ver fútbol, vimos, por ejemplo, rodeados de florentinos exaltados el Milán – Florentina que se jugó el pasado lunes en la noche. Yo, por supuesto, apoyaba al Milán. “No cantes los goles, por favor, si quieres que salgamos con vida” comentaba Bea, bajo cuerda, entre la banda de chulos, barrigones, borrachos y fiesteros toscanos que nos acompañaba. La impresión inicial, en parte, cambió. Bea tiene razón: “Florencia es rara”. Reitero, sin embargo: “hay que caminar… y descubrirla”.