martes, 21 de agosto de 2007

Al fin...

Llegamos a Venecia a la medianoche. Nuestras maletas están desaparecidas. Perdimos el barco que nos llevaría al Lido. Tomamos un autobús a Plaza de Roma. Allí, el vaporetto. Luego, con frío madrugador y marinero, atravesamos el Gran Canal. Valió la pena el periplo portugués, entrar a esta ciudad de madrugada, en silencio, ha sido una experiencia privilegiada. Goethe y compañía tenían razón. Esto es grande.

2 comentarios:

Ceci dijo...

¡Qué maravilla leer de sus tropiezos tan pronto! Espero que les vaya buenísimo en "Chile" y que sigan escribiendo. Ya he visto algunas fotos de la boda sifrino-arrabalera del año. ¡Cómo hemos lamentado no haber estado! Besos,
E.

Anónimo dijo...

Hola Gallo!!! Aqui estan Jose y Tere tratando de escribirte... pero Jose dice que es un peo... jajaja.... Mejor cuando puedas mandales e-mails....