jueves, 30 de agosto de 2007

PINACOTECA DI BRERA

Nos encantó un Cristo de fondo oscuro, el apellido del artista era Bazzi, algo así. Nunca habíamos oído hablar de él. Las dos grandes piezas de esta sala que, curiosamente, integra un complejo cultural del que forman parte la Biblioteca Nacional de Milán y una escuela superior de artes plásticas, son El cristo muerto de Andrea Mantegna y Los desposorios de la virgen de Raphael. En los últimos años estas dos piezas han sido, irrevocablemente, preguntas de examen en el curso de cuarto año. El lamento sobre Cristo –o Cristo muerto, es el mejor ejemplo para comprender el concepto pictórico de escorzo. Desde mis años de formación en Historia del arte con la profesora María de los Ángeles Taberna esta pintura ha sido un referente valioso e inolvidable.


Los desposorios de la virgen, por su parte, se encuentra en una sala pequeña. Comparte espacio con una virgen de Piero Della Francesca y otro lienzo religioso que ya olvidé. Bea, probablemente aburrida, hubo de soportar mi lección. Ráphael Sanzio fue, siempre, una de las clases que más disfruté dictar. Este último año, con los chamos de la 81, fue de las más gratas exposiciones.
Hay un Tintoretto extraordinario en esta galería: el rapto del cuerpo de San Marcos, algo así. Hay, también, un Caravaggio. Y, entre otras glorias, una serie de un pintor veneciano que logró conmoverme: Francesco Hayes. Supe de este artista por Isabel Paradisi, una alumna de la promoción 79. Fue ella quién, por primera vez, me habló de su obra. Revisé, entonces, breves referencias biográficas pero nunca lo tomé en cuenta. Hoy, luego de ver El beso, el retrato original de Manzoni y otra pintura fascinante cuyo título no recuerdo, Hayes ha pasado a ser, obligatoriamente, objeto de estudio. Me tocará, al llegar a Madrid, leer sobre él y hallar noticias sobre su historia personal y pictórica. Otro cuadro que me batió fue la última pieza del museo. No recuerdo el nombre del artista –es tarde y me da flojera buscar en Internet, es el cuadro, afín a la estética del realismo social, que presenta la película Novecento de Bernardo Bertolluci. Arranca el film y, tras los créditos iniciales, la cámara inicia una especia de dolly out que va mostrando la totalidad del lienzo. Recordé, al contemplar el cuadro, la magistral interpretación de Burt Lancaster en ese film. ¡Qué actores aquellos! Valió la pena, sin duda, asistir a la Pinacoteca di Brera.