viernes, 7 de septiembre de 2007

EL DAVID


El David impone. Nada que decir. Cualquier referencia a su gigantomaquia obliga a redundar sobre el concepto de ‘lugar común’: efectivamente, no hay palabras, es difícil de definir, etc. Hay que estar frente a él para asimilar su grandeza. Miguel Ángel es un monstruo. En Roma –espero, tendremos la oportunidad de ver el Moisés. La Galería de la Academia es el hogar, exclusivo, del David. Estos chulos florentinos –ya daremos indicios suficientes que justifiquen su chulería, rellenaron el espacio con piezas menores del Perugino, Ghirlandaio y algunos manieristas. Sin embargo, la Galería le pertenece al gigante. Aunque me desagrada la palabra ‘maravilla’ – me gustaría más si fuese ‘esdrújula’, tendría mayor riqueza literaria, debo decir, sin complejos, que el David de Miguel Ángel expresa ese significado. Vale la pena estar ahí. A Bea le gustó mucho. Verdaderamente, impresiona.